PARTE 2: LA CASA SIN SALIDA

La mansión estaba en silencio.

Demasiado silencio.

El mensajero había seguido al hombre, aunque sabía que era un error. Ahora estaban frente a una enorme casa en lo alto del acantilado, iluminada por relámpagos.

—Si entras… no sales —dijo el hombre.

—Tengo que terminar el trabajo —respondió el mensajero, temblando.

La puerta ya estaba abierta.

Dentro, todo era lujo… pero abandonado. Copas de cristal intactas. Música aún sonando en un piano automático. Como si el tiempo se hubiera detenido.

Entonces escucharon un golpe.

Luego otro.

Desde el piso superior.

El mensajero subió lentamente.

El hombre lo siguió en silencio.

La puerta del cuarto final estaba entreabierta.

Y una voz femenina susurró desde dentro:

—Pensé que nunca ibas a venir…

El mensajero empujó la puerta.

La habitación estaba vacía.

Solo había una pantalla encendida.

Y en ella… el propio mensajero aparecía sentado en esa misma silla… con la misma fecha escrita detrás:

HOY

Detrás de él, el hombre susurró:

—Te lo dije… ya estás dentro.

La pantalla se apagó.

Oscuridad total.

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