El hombre dio un paso atrás. Luego otro. Su expresión de control se rompió lentamente.
Se agachó frente a la niña, con la voz baja y temblorosa:
“¿Cómo se llamaba tu padre?”
La niña respondió.
En ese instante, el rostro del hombre se quedó sin color. Sus ojos se abrieron con horror absoluto.
Porque ese nombre no era desconocido. Era un pasado que él había intentado enterrar… durante años
