Parte 2 : El hombre dudó…

El pan en la mano de la niña parecía insignificante para el mundo… pero enorme para ella. Era lo único que tenía.

—¿Por qué me das esto? —preguntó él, con un hilo de voz.

La niña lo miró como si la respuesta fuera obvia.

—Porque estás triste.

Esas palabras lo atravesaron más fuerte que cualquier golpe.

El hombre bajó la cabeza. Sus ojos se llenaron de lágrimas que ya no pudo contener. Intentó esconder su rostro, pero era tarde. Estaba cayendo.

La niña dio un pequeño paso más cerca.

Partió el pan en dos con cuidado y puso una mitad en su mano.

En ese instante, sus dedos se tocaron.

El hombre se quedó inmóvil.

Algo en ese gesto… algo imposible… lo golpeó como un recuerdo enterrado.

Una lluvia lejana. Una mujer joven. Una sonrisa suave. El mismo gesto: partir el pan y ofrecérselo con amor.

—Te ves con hambre —había dicho ella.

Su nombre era Elena.

El hombre abrió los ojos con horror contenido, como si el pasado hubiera vuelto a respirar frente a él.

Miró a la niña otra vez.

Los mismos ojos.

La misma calma.

La misma forma de sostener el mundo sin miedo.

Su voz salió apenas como un susurro:

—¿Cómo se llama tu madre?

La niña abrió la boca para responder… y el aire pareció detenerse justo antes de la verdad.

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