PARTE 2: El hombre no respiraba.

Sus manos temblaban sobre la mesa.

—Eso… eso es imposible…

Pero algo dentro de él… ya sabía la verdad.

—¿Quién eres? —susurró.

El niño lo miró fijamente.

Sin miedo.

Sin duda.

—¿No me reconoce?

El hombre negó lentamente.

Pero sus ojos… empezaban a recordar.

Lluvia.
Una noche oscura.
Un coche.
Un grito.

Y una mujer.

El niño habló otra vez:

—Hace años… usted la dejó en la calle.

El corazón del hombre golpeó con fuerza.

—Ella no podía caminar…

Silencio.

—Y usted… tampoco se detuvo.

El mundo dejó de existir alrededor.

Las risas, el lujo, la música…

Todo desapareció.

—Murió esa noche —dijo el niño, sin emoción.

El hombre cerró los ojos.

—No… no sabía…

—Sí sabía.

El niño se acercó un paso.

—Pero decidió no mirar atrás.

Una lágrima cayó por el rostro del hombre.

—¿Y tú…?

El niño respondió con una calma que daba miedo:

—Yo estaba con ella.

Silencio absoluto.

—Yo la vi morir.

El hombre dejó de sostenerse.

Sus piernas… temblaban.

No por el milagro.

Por la culpa.

—Entonces… esto… —dijo, mirando sus pies— ¿por qué?

El niño inclinó la cabeza ligeramente.

—No es un regalo.

Pausa.

—Es para que pueda levantarse…

El niño lo miró directo a los ojos.

Frío.

—Y vivir con lo que hizo.

El hombre intentó ponerse de pie.

Por primera vez en años…

Sus piernas respondieron.

Se levantó.

Pero no sonrió.

No habló.

Porque ahora…

No podía escapar.

Y el niño ya se estaba alejando.

Desapareciendo entre la multitud…

Como si nunca hubiera estado allí.

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