El salón queda en completo silencio.
El hombre de cabello plateado se acerca lentamente, con una mirada fría e implacable.
Sin decir nada, agarra del brazo a la mujer mayor.
—“No debiste acercarte a ella…” —dice con voz baja.
La tensión se vuelve insoportable.
La joven camarera retrocede confundida.
—“¿Qué está pasando aquí?” —pregunta.
La mujer mayor empieza a llorar.
—“Tú no entiendes… ella debería haber muerto ese día…”
La camarera se queda paralizada.
—“¿Qué día?”
El hombre responde sin emoción:
—“El incendio.”
Silencio absoluto.
La palabra cae como una sentencia.
La mujer mayor grita:
—“¡Rosemary desapareció en ese incendio! ¡No debía sobrevivir!”
La camarera empieza a temblar.
—“Entonces… ¿quién soy yo?”
El hombre se acerca un paso más.
—“La verdad que te ocultaron… es peor de lo que imaginas.”
La luz del salón parpadea.
Y en ese instante…
La cámara se acerca al collar otra vez.
La inscripción “R.M.” brilla intensamente.
