PARTE 2: El Secreto del Bastón

El restaurante entero observó en silencio.

Del interior del bastón roto, el hombre sacó un pequeño cilindro metálico.

Rex frunció el ceño.

—¿Qué demonios es eso?

Walter lo miró fijamente.

—La razón por la que has arruinado tu vida.

El hombre abrió el cilindro.

Dentro había una memoria digital.

Rex soltó una carcajada nerviosa.

—¿Todo este espectáculo por un pendrive?

Walter negó con la cabeza.

—Mi hermano trabajó treinta años para el gobierno federal.

La sonrisa de Rex desapareció.

—Antes de morir, descubrió una red de contrabando internacional.

El restaurante quedó completamente inmóvil.

Walter continuó:

—Sabía que intentaría matarlo quien estuviera involucrado.

Rex comenzó a retroceder.

Muy lentamente.

—Por eso escondió todas las pruebas dentro de este bastón.

Uno de los hombres de traje conectó la memoria a una tableta.

Aparecieron fotografías.

Transferencias bancarias.

Nombres.

Rutas de transporte.

Y el nombre de Rex aparecía en todas partes.

—No… eso no puede ser —susurró.

En ese instante, varias patrullas rodearon el restaurante.

Luces azules y rojas iluminaron los ventanales.

La puerta principal se abrió.

Entraron agentes federales.

—Rex Dalton, queda arrestado.

Los motociclistas quedaron paralizados.

Rex miró a Walter con desesperación.

—¿Todo esto fue una trampa?

Walter observó los restos del bastón.

—No.

Hizo una pausa.

—Fue justicia para mi hermano.

Los agentes se llevaron a Rex esposado.

Mientras desaparecía por la puerta, comprendió que el anciano al que había humillado no era una víctima.

Era el hombre que había esperado años para destruirlo.

Y finalmente lo había conseguido.

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