Era imposible.
La mujer sintió cómo el aire abandonaba sus pulmones.
En la foto, una niña pequeña sonreía… con el mismo cabello, los mismos ojos. Y a su lado… estaba ella misma, más joven, abrazándola.
—“Eso… no puede ser…” —murmuró, con la voz quebrada.
Sus manos comenzaron a temblar.
—“¿Dónde conseguiste esto?” —preguntó, casi sin aliento.
El niño tragó saliva.
—“Ella es mi hermana…” —dijo en voz baja—. “Antes de que se la llevaran.”
El corazón de la mujer se detuvo por un segundo.
Recuerdos que había enterrado durante años comenzaron a romper la superficie.
Una noche. Lluvia. Sirenas. Un error… o tal vez una elección.
—“Yo… yo pensé que…” —susurró, retrocediendo.
El niño dio un paso adelante.
—“Ella dijo que volverías.”
El silencio era insoportable.
Por primera vez, la mujer ya no parecía intocable.
Parecía… culpable.
Y por primera vez en mucho tiempo—
tenía miedo.
