Pero un joven empleado la miró fijamente.
— “Él… no parecía un ladrón. Parecía desesperado.”
— “No te metas.”
Demasiado tarde.
CLICK.
La maleta se abrió.
Silencio total.
El joven se quedó inmóvil.
— “Dios mío…”
Dentro había montones de dinero perfectamente ordenado.
Todos se acercaron lentamente.
— “Es… imposible…” murmuró alguien.
Debajo del dinero había un pasaporte.
La recepcionista intentó reír.
— “¿Y qué? Es un criminal.”
Pero el joven temblaba mientras leía el nombre.
Sus ojos se abrieron con terror.
— “No… esto no puede ser real…”
En la pantalla del pasaporte: un nombre que nadie en ese hotel estaba preparado para ver.
