Parte 2: Todas las miradas siguieron su dedo.

Hacia el camino de los arbustos.

Al principio, no había nada.

Luego—

movimiento.

Una figura apareció bajo la luz.

La mujer se quedó inmóvil.

Era su hermana.

El mismo rostro. Los mismos ojos.

Imposible.

“Yo te enterré…” susurró la mujer, retrocediendo.

Pero el horror no había terminado.

Otra figura apareció a su lado.

Un hombre.

El esposo que ella había enterrado el año pasado.

La mujer dejó caer la taza.

El vidrio se rompió contra el mármol.

Ninguno de los dos se detuvo.

Seguían caminando hacia ella.

Como si la muerte nunca hubiera existido.

“¿Cómo…?” susurró ella. “¿Cómo es posible?”

La hermana sonrió apenas.

“Nunca nos fuimos.”

El esposo no dijo nada. Solo la miraba.

El niño dio un paso atrás, detrás de ella.

Y susurró:

“Ella dijo que no lo creerías…”

El mundo se volvió silencioso.

La luz cambió.

El aire se sintió… falso.

La terraza desapareció.

Y de repente—

ruidos de máquinas.

Luces blancas.

Un hospital.

La mujer abrió los ojos.

Una lágrima cayó por su mejilla.

Y en el reflejo de la pantalla del monitor…

vio al niño.

Observándola.

Esperando.

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