—“¿O qué?” —dijo burlándose.
El anciano bajó la mirada lentamente… y sacó un pequeño llavero metálico.
Un CLICK seco cortó el aire.
Todo cambió.
Las risas desaparecieron poco a poco, como si alguien las estuviera apagando una por una.
El biker frunció el ceño.
—“¿Qué fue eso?”
El anciano acercó el llavero a su oído.
—“Soy yo… activen el protocolo.”
Silencio.
Uno de los bikers miró hacia la ventana.
Otro dejó de sonreír.
Las sirenas lejanas comenzaron a crecer.
El anciano levantó la vista por primera vez con calma absoluta.
Ya no era la víctima.
Era la amenaza que ellos no habían visto venir.
